El 14 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Diabetes, una fecha dedicada a concienciar sobre la importancia del diagnóstico precoz y control adecuado de esta enfermedad crónica, cuya incidencia sigue aumentando en todo el mundo.
Más allá de sus conocidas complicaciones cardiovasculares o renales, la diabetes también afecta al cerebro: según la Sociedad Española de Diabetes, el 16 % de las personas con diabetes mayores de 65 años y casi una cuarta parte de los pacientes mayores de 75 años presentan algún tipo de demencia. Este vínculo, que se traduce en una mayor dependencia y pérdida de autonomía, pone de relieve que la diabetes no solo altera el metabolismo, sino que también puede considerarse un factor de riesgo de deterioro cognitivo.
La diabetes, especialmente la de tipo 2, se asocia con un menor rendimiento cognitivo y un mayor riesgo de demencia.
Por su parte, la enfermedad de Alzheimer es más frecuente en mujeres que en hombres. De hecho, ser mujer se considera factor de riesgo de desarrollar dicha neurodegeneración.
Numerosas investigaciones han confirmado esta conexión entre diabetes tipo 2 y alzhéimer, apuntando a que los trastornos metabólicos podrían desempeñar un papel en el desarrollo de esta forma de demencia.
Con el aumento global de los casos de diabetes tipo 2, que para 2030 afectará a más de 266 millones de personas en el mundo, y el progresivo envejecimiento de la población, esta relación adquiere una mayor relevancia tanto para la salud pública como para la investigación científica.
La relación entre diabetes y alzhéimer se basa en las alteraciones que aparecen en la microvasculatura cerebral de los pacientes con diabetes y en el incremento de los infartos cerebrales. También se ha visto en distintos estudios una atrofia cerebral en personas con diabetes tipo 2 que afecta a la corteza y el hipocampo, zonas del cerebro relacionadas con el aprendizaje y la memoria. Estas dos regiones cerebrales están afectadas en los pacientes con alzhéimer.
A todo esto hay que añadir que los receptores de insulina en el sistema nervioso central se encuentran en zonas implicadas en los procesos de aprendizaje y memoria, como la corteza y el hipocampo, lo que respalda el papel de la insulina en las funciones cognitivas.
Además, se ha constatado que unos niveles adecuados de insulina tienen un efecto neuroprotector, y mejoran la memoria y la plasticidad. Por eso, cuando los niveles de insulina son muy altos o muy bajos, la capacidad que tiene el cerebro para responder a la insulina se deteriora y desaparecen sus efectos beneficiosos.
Otro factor a tener en cuenta avalado por estudios científicos es que los pacientes con diabetes tipo 2 que llevan varios años con la enfermedad presentan un depósito de amilina pancreática, una situación similar a la que se produce en el cerebro de las personas con alzhéimer, que presentan una acumulación de proteína beta-amiloide en el cerebro. Además, la insulina, la amilina y la beta-amiloide se degradan periféricamente mediante la enzima degradadora de insulina y la neprilisina. En este contexto, es posible que estos sustratos compitan entre sí, y se ha planteado que su desequilibrio pueda influir tanto en el origen de la enfermedad de alzhéimer como en el inicio de la diabetes tipo 2.
Las personas con diabetes sufren un deterioro en el sistema nervioso, lo que se conoce como neuropatía diabética, y en el sistema vascular, que como consecuencia de la enfermedad se va volviendo más rígido, lo que favorece la aparición de aterosclerosis.
Como la diabetes puede dañar los nervios en distintas partes del cuerpo, también puede afectar a los nervios del cerebro causando alteraciones en la memoria y el aprendizaje, cambios en el estado de ánimo, aumento de peso y desequilibrios hormonales.
Con el paso del tiempo, este proceso puede tener un papel destacado en el desarrollo de demencia en personas con diabetes. Tanto los niveles elevados de glucosa en sangre como los niveles bajos pueden generar estos daños, por lo que resulta fundamental que las personas con diabetes mantengan sus niveles de azúcar dentro de los niveles recomendados.
Cuando una persona tiene hiperglucemia, se puede generar un estrés en el cerebro que no es beneficioso, mientras que en los casos de hipoglucemia el cerebro no recibe la suficiente cantidad de oxígeno, situación que tampoco es favorable.
Con la prevención de la diabetes se puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo asociado al alzhéimer o a otras demencias. Para reducir el riesgo de diabetes, se recomienda seguir un estilo de vida saludable:
Si detectas algunos de los síntomas descritos o tienes antecedentes familiares de diabetes o demencia, no dudes en consultar con tu médico o farmacéutico. La detección temprana y el seguimiento profesional son clave para prevenir complicaciones y mantener una buena calidad de vida.
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